Introducción Fui bendecido con la suerte de llegar a Managua en la madrugada del 20 de julio de 1979 como asistente para un equipo de televisión holandesa.
Como para cualquier persona que vivió esos días del triunfo revolucionario, la experiencia fue abrumadora la alegría colectiva palpable estaba matizada por el inmenso dolor sufrido por tantas personas.
Nunca olvidaré un momento en particular: yo estaba detrás del Teatro Rubén Darío tratando de entrevistar a una señora que estaba al lado del cadáver de su hijo. Me sentía muy mal haciéndolo, sin embargo, la gente de la televisión holandesa insistía en aquello; ella estaba llorando y su hermano colocó su brazo sobre el hombro de ella y le dijo: Componete, necesitamos que el mundo conozca nuestra historia. En el barrio OPEN (hoy Ciudad Sandino. a pocos días del derrocamiento del régimen somocista, un muchacho de 16 o 17 años de edad, M16 en mano, se paró frente a una multitud enfurecida lista para ejecutar a los cuatro orejas somocistas, arrimados contra una pared en un pequeño puesto de la Guardia Nacional. El muchacho se dirigió a la muchedumbre: Miren compañeros, estamos creando una nueva Nicaragua y necesitamos un nuevo tipo de revolución, una revolución y humanista. los vecinos de muy mala gana comenzaron a regresar a sus casas.
Sostengo que, a lo largo y ancho de América Latina, justo al lado de los principales caminos de la revolución, podemos divisar una histo1 Fui testigo del evento en Managua, julio de 1979.
También fui testigo de esto en Managua, julio de 1979.