La Revolución rusa y su eco latinoamericano La recepción de la Revolución rusa en América Latina significó un punto de inflexión, en el sentido de un momento crucial, aunque de ninguna manera como un comienzo radical sin antecedentes, puesto que antes de la Primera Guerra Mundial ya existían grupos anarquistas y anarcosindicalistas en varios países de América Latina que expresaban una oposición radical al orden establecido (Wätzold 2015. Inicialmente, recibieron la noticia del derrocamiento del zar ruso y de la revolución bolchevique con entusiasmo. Los acontecimientos en Rusia fueron un estímulo para atacar el dominio establecido en todas partes para aquellos que se sentían como portavoces de los explotados y oprimidos.
No obstante, hay que recordar que antes de la Revolución de Octubre, en América Latina había iniciado una de las grandes revoluciones del siglo xx, la de México. pesar de que su eco se escuchó poco en la Europa de la Primera Guerra Mundial y de sus secuelas inmediatas, en México el ala más radical de la revolución era muy consciente de la importancia histórica mundial de la Revolución rusa y trató de establecer una conexión. Así, Emiliano Zapata escribió a un amigo en febrero de 1918: Mucho ganáramos, mucho ganaría la humana justicia, si todos los pueblos de nuestra América y todas las naciones de la vieja Europa comprendiesen que la causa del México revolucionario y la causa de Rusia son y representan la causa de la humanidad, el interés supremo de todos los pueblos oprimidos (Spenser y Ortiz 2006, 23. En la misma carta, Zapata habló de la visible analogía, el marcado paralelismo, la absoluta paridad, mejor dicho, que existe entre el movimiento ruso y la revolución agraria en México (Idem.