Ciudad de la Investigación, Universidad de Costa Rica

Descargar

12 a LA CRISIS DE LOS REGÍMENES PROGRESISTAS en Chile. El retorno del previamente destituido líder sandinista, Daniel Ortega, al poder en Nicaragua (2006) también parecía seguir esta línea.
En los primeros años de sus mandatos, los líderes de este giro a la izquierda pudieron cumplir algunas de sus promesas sociales y así aseguraron el apoyo de sectores de la población anteriormente desfavorecidos. Esto también fue posible porque la tendencia favorable de los precios en el mercado mundial proporcionó considerables ingresos adicionales a los países exportadores de materias primas, los cuales pudieron ser apropiados de diversas maneras por los distintos jefes de Estado.
Dichos ingresos permitieron financiar generosos programas para mejorar la salud, la educación, la nutrición y, en algunos casos, la situación de la vivienda de las clases bajas. Estos programas inicialmente se llevaron a cabo en muchos lugares con la participación democrática de las personas interesadas, fomentando así un cierto grado de movilización de las bases. Aunque esto no acabó de ninguna manera con la integración tradicional de la región en el mercado mundial, la nueva política provocó la resistencia de las clases altas vinculadas al capital extranjero, las cuales intentaron derrocar a los gobiernos libremente elegidos. Esto es lo que ocurrió en el fallido golpe militar contra Chávez en 2002 y en las maquinaciones separatistas de las élites regionales en el este de Bolivia en los primeros años después de la victoria electoral de Evo Morales.
Sin embargo, los gobiernos progresistas de los países andinos pudieron mantenerse firmes porque sus políticas fueron apoyadas por la mayoría de la población, especialmente en tiempos de una economía de mercado mundial favorable a la exportación de materias primas. la esperanzadora fase inicial de una apertura democrática le siguió un periodo de renovado conflicto entre los líderes del Estado, los movimientos sociales y un aumento constante de las tendencias autoritarias por parte de los gobiernos (con características específicas en cada país y con diferencias temporales. El neoextractivismo siguió siendo la base económica de los regímenes progresistas que, a pesar de las declaraciones programáticas en sentido contrario, nunca fueron capaces de reducir su dependencia de las exportaciones de materias primas. Por el contrario, la explotación de los recursos naturales aumentó alarmante