27 PABLO ALABARCES a altoparlante en la esquina de mi casa me impedía escuchar los cuartetos de Bela Bartok.
La cita se redujo a los bombos no me dejan escuchar a Bartok. lo que suena muy cortazariano y, aunque la cita es una reducción interesada, describe de manera magnífica la relación ilusoria de un letrado, cultor del jazz y la vanguardia, con el populismo peronista. El peronismo se representa en la frase, tal como fue reconvertida, como ruido, cacofonía, disrupción. Como veremos, Cortázar lo leía de manera mucho más sutil y compleja.
Dentro del libro, el primer cuento, Casa tomada (que ya había sido publicado en una revista en 1946. es uno de los ejemplos más reiterados para señalar la relación de Cortázar con el peronismo. Una pareja de hermanos vive sola en una casona: el hombre, narrador en primera persona, se dedica a leer literatura europea; la mujer, Irene, sólo a tejer.
Viven, afirma el narrador, de las rentas del campo recibidas mensualmente. Una noche, una serie de ruidos. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. los lleva a abandonar parte de la casa; días después, la reiteración los expulsa de toda la vivienda. Han tomado esta parte dijo Irene. El cierre del relato es perfecto: Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.
Cuando la literatura de Cortázar fue mucho más atendida por la crítica, en la década siguiente, comenzaron a surgir las interpretaciones políticas del cuento. La más reiterada fue formulada por el ensayista Juan José Sebreli, quien aseguró que el cuento era una mera metáfora de una Argentina invadida por las ruidosas masas peronistas. Poca atención mereció el hecho de que los protagonistas no trabajaran y fueran y hermanos: es decir, sujetos capturados en la doble improductividad de la renta agropecuaria y de la prohibición del incesto, lo que volvía a su expropiación un sólido acto de justicia distributiva. La interpretación sebreliana fue exitosa, repetida hasta volverse un lugar común, reiterado a