Ciudad de la Investigación, Universidad de Costa Rica

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e a 22 POSPOPULARES. LAS CULTURAS POPULARES DESPUÉS DE LA HIBRIDACIÓN clases peligrosas del siglo xix. Ese panfletismo politizado e irreverente que surgía con la revolución de 1848 era el objeto real de conocimiento y represión. Al coleccionar y estudiar la literatura de cordel anacrónica, Nisard la establecía como modélica, como último horizonte de lo posible: frente a ella, la literatura popular contemporánea debía ser prohibida, porque era subversiva. Agreguemos: en ambos ejemplos, era notoria la acción del estado como represor y censor de las mismas clases a las que, no paradójicamente, ciudadanizaba en el mismo movimiento.
Finalmente, De Certeau narra cómo, a finales del siglo xix, aparece una nueva etapa, complementaria de los anteriores: la folklorización de lo popular. Nuevamente: una era de sublevaciones de masas (Francia venía del intento de la Comuna de París en 1871. de constitución de las clases populares urbanas en proletariados agrupados y activos políticamente.
Frente a ese panorama, los intelectuales la burguesía francesa por boca de sus intérpretes legítimos, contestaban con el descubrimiento de una cultura popular inocente, espontánea, rural, autónoma de las perversiones urbanas; el pueblo era el buen campesino. otra forma de catalogarlo como el buen salvaje. Sobre este último movimiento, como veremos en el capítulo 1, América Latina tiene ejemplos suficientes.
De todo ese movimiento, la insatisfacción de De Certeau con los estudios de Bollème, Mandrou y Soriano entre 1964 y 1970 lo lleva a afirmaciones tajantes: estos estudios nos dicen poco sobre la cultura popular y mucho más sobre lo que es la cultura popular para un intelectual progresista. Más sobre lo que debe ser, lo que debería ser, que lo que es o ha sido. Porque, y aquí lo más radical de este movimiento. dónde estamos, fuera de la cultura letrada. Desde dónde hablamos? El plural, necesariamente, nos interpela: el enunciador es un intelectual, que habla sobre intelectuales, que analiza una producción intelectual, que nos recuerda el saber sobre lo popular está condenado a no formar parte de aquello que analiza. Que el conocimiento sobre lo popular es necesariamente culto y en consecuencia, se pregunta De Certeau. Existe la cultura popular más que en el acto que la suprime. Existe parafraseamos, como algo más que un gesto represivo, una censura sobre ciertas prácticas que la instituyen como objeto de saber y conocimiento, que