Ciudad de la Investigación, Universidad de Costa Rica

Descargar

11 más cafés que escrituras, pero él sabe y yo sé que nuestros diálogos son mutuamente inspiradores. No sé si el amigo argentino y mexicano Mario Rufer sabe hasta qué punto su amistad y su trabajo fueron y son tan importantes para este libro. Mi querida amiga Valeria Añón, mucho más mexicanizada que yo es mucho decir. además de presentarme a Mario, fue un gran estímulo para que este proyecto existiera y este libro se escribiera, desde que organizamos un curso alrededor de estas cuestiones para CLACSO, en 2009.
Ana Clara Azcurra Mariani, María Terán (con una minucia descomunal. Federico Álvarez Gandolfi, Leandro Araoz Ortiz, José Garriga Zucal y Valeria Añón, nuevamente, leyeron un borrador e hicieron sugerencias sin las cuales este libro no se hubiera animado a circular. Su amistad y su compañerismo será siempre insustituible, así como el de Fabiola Ferro, con la que debatimos a Basil Bernstein por WhatsApp, y el de Libertad Borda y Berenice Corti, todas ellas grandes compañeras del espacio docente donde este libro fue tomando forma y ensayando hipótesis. Los las lectores as anónimos de este libro para CALAS hicieron sugerencias agudas, que trate de incorporar en la redacción final. lo largo de todos estos períodos los ocho años de lecturas, los cuatro meses de escritura, he sido profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires e Investigador del CONICET argentino, con sede en el Instituto Gino Germani de aquella Facultad.
No fueron tiempos en los que las instituciones hayan sido generosas y acogedoras los cuatro años del gobierno conservador fueron de puras asfixias financieras, recortes presupuestarios y hasta ataques macartistas por las redes sociales. Afortunadamente, las instituciones son también el lugar de colegas, amigos y estudiantes. Como son miles, no y puedo nombrarlos a todos y todas, aunque la amistad y la solidaridad intelectual y política de Mario Pecheny, Maristella Svampa y Pablo De Marinis fueron cruciales en tiempos difíciles.
Posiblemente, este libro comenzó a escribirse, en realidad, entre 1983 y 1997, cuando leí con Eduardo Romano a Mijail Bajtín; con Josefina Ludmer, a Antonio Gramsci; con Aníbal Ford, a Carlo Ginzburg y a Carlos Monsiváis; con Beatriz Sarlo, a Michel de Certeau y a Richard a a