alrededor de lo que eran las ciudades, de los llamados Kimbus. Aquella persona era deprimente verla, deprimente en su constitución física, se veían personas desnutridas, hambrientas, estee, no sabían dirigirse a otras personas que no fueran las relacionadas con ellas, las que no convivieran con ellas, en, harapientos, envueltos en trapos. Los niños se veían niños enfermos, es decir una pobreza extrema. Aquello me impactó mucho porque esos Kimbus entonces hacían contrastes con las grandes mansiones, con los grandes edificios, mansiones, edificios que muchos de ellos también estaban abandonados, porque las familias, que eran familias portuguesas, que eran estee, de otras nacionalidad, y en ocasiones angolanos pero de cierta posición económica que temiéndole a la guerra habían emigrado hacia otras naciones, hacia otros países. Cuando ya nos dirigimos a lo que fue la ciudad de Benguela, que fue donde yo estuve, ahí el impacto fue mayor, porque ya entonces tuve una relación, un vínculo más directo con la población; con esa población que había emigrado, con esa población que tantos años había sido marginada, y que con el problema de la guerra se ven obligado a emigrar hacia la ciudad. Trabajé en un Liceo, donde tuve la oportunidad de tratar tanto con adolescentes de cierta posición económica como con adolescentes que no tenían ningún tipo de posibilidad.
CRISTINA: Una pregunta; Liceo es como preuniversitario?
Ajá. Que no tenían ningún tipo de oportunidad, e iban a la escuela en muy mal porte y aspecto. También se veían desnutridos, se veían carente incluso de, de una formación, se veían falta de afecto, de cariño, porque vivían en un medio demasiado hostil.
CRISTINA. Hostil en que sentido?
J: Si, en pésimas condiciones infrahumanas.
CRISTINA: Uhum. Porque algunos de ellos, por no decirte la mayoría de esos adolescentes sin, sin condiciones vivían en los Quimbos, o vivían en algunas de esas casas que habían sido abandonadas, pero que los padres pertenecían a las FAPLA, al Ejército de Liberación Angolano y se la habían dado de vivienda. Entonces allí, en aquella, en aquella ciudad, yo diría que yo realmente conocí el rostro del hambre, de la miseria, de la explotación, porque esa población que vivía en los Quimbos, que era la población explotada, esa población estaba carente de todo: de médicos, de maestros, de todo y padecían de epidemias, entre ellas la que era el paludismo y por la mañana temprano, tú veías como desfilaban hacia la playa, que quedaba la playa muy cerca, allí en la ciudad de Benguela, a tirarse en la arena allí a que le diera el sol, para sudar la fiebre del paludismo. Entonces que sucede? Que cuando llegamos los cubanos, tanto los maestros como los médicos y comenzamos nuestra labor de solidaridad para tratar de apalear las condiciones, las pésimas condiciones de esas personas, ellos comenzaron a tener una cierta, estee digamos, afinidad, identificación con los cubanos; cosa esta que a nosotros nos servía de satisfacción porque hasta cierto punto, no es menos cierto, que nosotros tenemos deuda con ese continente, porque cuando se da aquí el grito de independencia el 10 de octubre de 1868, esos esclavos que muchos habían venido, o lo habían traído mejor dicho, del continente africano y otros habían ya nacido aquí en Cuba pero que eran hijos de esos, estee, de esos esclavos que habían sido traídos de allá, en condición, reitero de esclavos, se incorporaron a la lucha por nuestra independencia y muchos de ellos murieron. Entonces es, por eso le decía es una satisfacción porque por lo menos consideramos que estábamos haciendo algo que ya ellos, que ya ellos habían hecho por nosotros. Estábamos contribuyendo de una forma u otra a que salieran de la oscuridad en que vivían, aunque infelizmente eso se quedó a medias. No se logró el objetivo propuesto y tenemos los resultados ahí, como cada día se mueren más de hambre, de