Ciudad de la Investigación, Universidad de Costa Rica

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G 1: El estudió aquí en Cuba y ellos vivían en la esquina de mi casa, yo vivo aquí y en la esquina vivían ellos y él también, él también vivió allí, el se fue mientras se organizó y después la mandó a buscar. Cuando yo me voy su mamá, su difunta madre y la hermana son la que me dicen y me dan la dirección y yo cuando llego Angola, después del entrenamiento militar que medio me acomodo en el lugar, busco la dirección cuando la voy a ver no está y me recibieron muy bien y me dijeron ella viene en diciembre, yo llegué en julio y en agosto fui a la casa, entonces me dice la suegra, me dice Florinda no, no está ella viene en diciembre. El 24 de diciembre los angolanos tienen por tradición, que es la noche buena, pero que ellos dicen la noche de la familia, Bueno uno no va a llegar a una casa sin que lo inviten así en una fecha mejante esperé el 26 de diciembre, porque el día de pascua tampoco eso es un problema muy íntimo yo digo si no me invitan a tu fiesta no tengo porque llegar buscando a nadie, entonces el día 26 de diciembre volví y no estaba, me dijo la suegra no ella no vino, ella ya sabes que tu está aquí, pero esa señora, esa familia toda, Florinda, José, quillo, a partir de ese momento, pasa, siéntate, una atención, te digo quisiera volver a verla a ella y Nina la conocí porque ella fue un día a la oficina buscando que un médico la atendiera, un médico cubano, le hice esas gestiones y un médico que era de la Habana el doctor Bogato la atendió y siempre tuvimos buena amistad, pero donde más, más nosotros íbamos, por lo menos era en casa de Florinda. Yo no tuve como Martha la posibilidad de conocer a más angolanos, ella si trabajaba en un hospital y veía pacientes.
CRISTINA: para ti era muy raro conocer a un angolano, no te pasó frecuentemente. No, porque conocer, es que no se como decirte, si conocí muchos, imagínese estar en Angola, pero eso de intimar mucho no, solamente en casa de Florinda y Nina y entonces por ejemplo si Martha iba a visitar y como no se podía estar solo en la calle, algún paciente de ella la invitaba a su casa a almorzar, a comer, pues íbamos, pero eran sus amistades, eran sus amistades. Ella tenía una paciente que la quería mucho, no se si ella diría el nombre, yo ni me acuerdo como se llama, creo que hasta una hija tuvo y le pusieron el nombre de Martha.
CRISTINA: Es cierto que muchos cubanos dejaron niños con su nombres?
Si como no, como no.
CRISTINA: hay una Georgina, tu dejaste una Georgina?
Georgina: No, yo no dejé ninguna Georgina (risas. no dejé ninguna Georgina, le dije yo no atendía, pero Martha si dejó una Martha si una niña de una paciente amiga de ella, como se llama esa amiga ella la mencionaba mucho. Nosotros íbamos a su casa, a veces yo iba con ella, Martha visitaba conmigo en casa de Florinda, porque era un problema que uno no podía estar solo en la calle y buscaba la compañía para ir, porque era muy difícil, un país en guerra había toque de queda a las 11 de la noche. Tu no podía estar en la calle, yo trabajaba tenía un horario de de la mañana a 12 del día, a las 12 nos íbamos a la casa almorzábamos, nosotros preparábamos el almuerzo y a las dos regresaba a la oficina hasta la de la tarde. Ya a las de la tarde la guagüita hasta el edificio, que no era que uno podía estar en la calle caminando. Pero con angolanos no, mis relaciones eran más con cubanos, como una amiga que tengo en la Habana, que es mi amiga, mi amiga no, mi hermana, vivimos juntas y jamás hemos dejado de tener relaciones porque todo ahí, uno se unifica, es que esa es la familia que uno crea cuando está tan lejos de su casa.
CRISTINA: eso era en este momento la familia?
Esa era mi familia, los cubanos y no todos, por supuesto eso depende de las características, porque Martha y yo hasta el sol de hoy somos buenas amigas, porque tenemos cosas afines, todo el mundo no es igual. Hay a quién le gustaba allí mucho la fiesta, mucha la comedera y entonces tu busca tu grupo que más o menos se aviene a tu