sindicalismo, no hubo una solución política a esa crisis económica hasta que nuevamente el país se hundió en otra crisis en diciembre de 2001, en este caso la más grave de su historia.
Entre fines de los años 90 y 2003 se desarrollaron al menos cinco procesos de respuestas populares a esta crisis. Surgieron y se expandieron grupos de desempleados para exigirle al Estado trabajo y planes de empleo y para garantizar su subsistencia cotidiana. Estos potentes movimientos de trabajadores desocupados protestaban bloqueando rutas y puentes con piquetes, y por eso se los conoció como «piqueteros. Surgieron nodos de redes de trueque, que buscaban paliar la carencia de dinero necesario para el mercado a través del intercambio de bienes o saberes, en un circuito informal que en su auge involucró a dos millones de personas. Se expandieron los comedores populares que, obteniendo insumos del Estado y eventualmente de y donaciones, garantizaban un plato de comida para niños y adultos al borde de la indigencia. Surgieron asambleas barriales, generalmente en barrios de clases medias, cuya movilización no respondía solo a una necesidad económica de los propios asambleístas (no eran necesariamente ahorristas estafados, ni indigentes, ni desempleados. sino básicamente a la crisis político institucional de representación.
También ha habido unos dos centenares de empresas recuperadas por sus trabajadores después de su quiebra, cierre o abandono por parte de sus anteriores propietarios.
Estas respuestas surgieron en distintos momentos y frente a diferentes conflictos. partir de la crisis de diciembre de 2001 se organizaron asambleas de vecinos. Las organizaciones de desocupados se remontan a la segunda mitad de la década de 1990 en el Gran Buenos Aires comienzan a aparecer en 1997. Los comedores populares surgieron a fines de la década de 1980, durante la crisis hiperinflacionaria a partir de la cual se restringieron planes alimentarios del Estado. Los nodos de trueque se iniciaron a mediados de los años 90. Numerosas fábricas fueron tomadas y recuperadas por sus trabajadores desde fines de 2001, como respuesta colectiva ante el cierre de fuentes de trabajo en un contexto desolador.
Si bien todas estas reacciones populares tuvieron su auge en la crisis de 2001 2002, las asambleas y el trueque fueron las menos perdurables. Los comedores populares se consolidaron, aunque su uso disminuyó con el descenso posterior del desempleo.
Muchas empresas recuperadas siguen existiendo, pero perdieron potencia como movimiento, en su momento tan idealizado por Naomi Klein y algunos intelectuales autonomistas. Y, por último, el movimiento piquetero fue perdiendo fuerza, ya sea por el crecimiento del empleo, por políticas sociales más robustas o por la fluida relación