Ciudad de la Investigación, Universidad de Costa Rica

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K.
16 cooperantes civiles. Tenía entonces la tarea de entregar las noticias (malas y buenas) de Cuba. Recibir las cartas era como un cumpleaños para la gente. Aunque las cartas podían traer noticas malas como la muerte de un familiar. Tenía entonces un puesto de mucha responsabilidad y estuvo autorizada para viajar por todo el país y visitó todas las provincias de Angola menos Kunene porque era prohibida por ser frontera con Namibia donde había guerra. Solo los soldados llegaron ahí. Vivía en Luanda en el edificio La Cuca, pero trabajaba en el hotel Presidente. Una casa muy buena en el centro de Luanda, originalmente construido para los ricos, los portugueses. Pero igual como en Cuba después de la revolución, después de la independencia vinieron a vivir los campesinos a la ciudad y vivieron en edificios como la Cuca.
Fue voluntariamente a Angola, quería probarse. como me dijo. Se sentía además obligada por su compromiso revolucionario. Ella había luchado en la insurreción de revolución en la Habana. Tenía ya 45 años cuando salió para Angola. Trabajaba en el Comité estatal de Colaboración económica (CECE. Estuvo casada en este momento y tenía un niño de siete años. Su esposo la respaldaba aunque durante su ausencia se enfermó de diabetis y murió años después por esto.
Contó que cada navidad en Angola daban una cena de navidad típica cubana (con pasas, turrón, vino, etc. a cada collaborador de la misión civil en todo el país por lejos que estuviera.
En el 1977, recuerda, llegó el contingente alfabetizador Manuel Ascunse Domenech (el primer alfabetizador que mataron durante la campagna de alfabetización en Cuba) integrado por 600 700 muchachos entre 17 y 21 años que se quedaron en total años. Fueron más hembras que varones, pero mixto de color de piel. Teníamos que cuidarlos de las bandas, las bandas de Savimbi que querían matarlas.
a En cuanto a su experiencia personal en Angola: Dice (muy decidida) que siempre quiso conocer Africa. Cuando llegó a Luando visitó todos los museos (sobre todo el museo de Luanda (antropología) de la esclavitud) para conocer la historia de sus antepasados. Preguntó por un lugar, algun museo de dónde pudiera recoger la historia de mis antepasados. Como salieron los primeros barcos negreros a Cuba. Quería saber exactamente dónde habían salido los africanos esclavos y bajo cuales circunstancias. Pero no encontró datos muy exactos. Mirando las fotos y los cuadros del museo ella siempre pensaba de que la gente que veía podían ser sus antepasados. Siempre los miraba y pensaba cuál de estos pudo haber sido familia mía. Ese reencuentro era una cosa muy rara, me dio mucha tristeza. cuenta Dijo que no sabía nada de sus raíces africanos, de su familia.
De Africa sólo sabía algo a través un negro africano (de nación) muy viejito, bajito, prieto, feíto, que andaba descalzo, un trabajador en la finca de su abuelo que se llamaba Andrés Goytisolo, sabía algo de Africa. El, cuando era todavía niña (hasta los 12 años) le había contado como muchos esclavos en el pasaje se habían envenenado por haber tenido (cocinaban la comida en platos de cobre) comer de platos de cobre (Kupfergeschirr, dass durch Grünspan giftig wird. Andrés le hizo los cuentos de Africa. Pero era muy difícil entenderle porque hablaba muy poco español más bien hablaba en su dialecto (como dice)
africano (congo, por desconocimiento. Dice que lo habían traído encadenado.
Andrés para animarla a comer (nunca quería comer) siempre le cantó una canción que le mucho miedo: