cero. Comprende y no me parecía. Además estaba muy enamorada del trabajo y me gustaba mucho y entonces participamos del trabajo Cristina: tu esposo del matrimonio aquí.
Sí, los hijos lo cuidó mi suegra, y mi mamá.
Cristina: Cuántos hijos tienes?
Dos, dos varones.
Cristina: Chiquitos.
Sí, los dos son diseñadores gráficos, fue lo que estudiaron y bueno nos fuimos al trabajo y me sentí muy satisfecha por el resultado del trabajo y por las relaciones que se crearon y te diré que con relación al resultado del trabajo en el tema específico mio me siento no satisfecha a plenitud tu sabes que los investigadores siempre sabemos que algo se quedó o que algo no se concretó pero me sentí bien el día que se discutió mi tema en el consejo científico, por supuesto integrado por cubanos y angolanos y mi trabajo fue aceptado. Sugerencias como en todos los trabajos pero el grueso del trabajo fue aceptado. Eso me hizo sentir que no había perdido el tiempo y que había hecho lo que debía haber hecho, entiendes. Bueno me has hecho acordarme de cosas que me han puesto los ojos un poco con agua. Yo respeto mucho a los angolanos y se que cada cual hizo lo que pudo hacer.
Cristina: Ujum, Pero cuando tu saliste del grupo para salir a pasear, se que no tenía mucho tiempo para pasear, O: Los paseos eran pocos y siempre eran con los cubanos, a una playa muy linda que allí iban los cubanos y eso y entonces un compañero del grupo del equipo Fernando González Rey, psicólogo, una persona muy talentosa, un muchacho que ante los 40 años ya era doctor en ciencias, un muchacho brillante, brillante, él como psicólogo nos decía que una vez a la semana teníamos que tener un rato de distracción, Cristina: Qué bien.
Como si fuera una medicina y entonces ese día nos montábamos en lo que era una carrilla, bueno una carrilla generalmente tiene lo que es el asiento del chofer, o sea el espacio delantero del carro y entonces el reto es como si fuera una plancha, unas barandas y entonces allí íbamos todos nosotros. Íbamos a la Ilha, tu sabes que en Luanda hay una lengua de tierra como en el caso de varadero que entra al Mar, es playa por los dos lados y entonces allí es la playa de Luanda y allí todo el mundo se baña.
Íbamos los domingos por las mañana nos bañábamos y recogíamos caracolito, cada cual hacía lo que quería, reíamos, fastidiábamos y después regresábamos. Pero Fernando decía que teníamos que hacerlo porque había que desenclochar como décimos los cubanos.
Cristina: qué observó en esos paseos de la vida cotidiana angolana?
Bueno un pueblo muy sufrido, un pueblo que tu ves con muchas personas mutiladas físicamente, amputaciones de brazos, de piernas, muchos problemas. Una crisis alimentaría muy fuerte, un gran déficit de alimentos y ya te digo, yo te recordé un momento muy feo para mi, que era el momento que me tocaba cocinar que tenía que hacer todo el aseo de la casa porque eso era rotatorio y bueno así era. Por ejemplo, un día Luisa de Almeida nos vino a buscar al apartamento, porque ella quería que fuéramos con ella a ver lo que en Angola se llamaba la candonga, que era este tipo de mercado, el mercado aparente, el mercado subterráneo, el mercado negro como se le quiera llamar.
Ella no entendía nada, o sea ella no entendía porque esas cosas pasaban, o sea le llamaba la atención y quería que nosotros fuéramos para que viéramos Cristina: Que era lo que no entendía?
O: Ella no entendía porque se producía eso, no era que no entendiera, pero a ella le llamaba la atención porque esa situación. Ella sabía que era la necesidad que había pero 4